La gran broma final

Jonás Trueba se ha encargado de dirigir el videoclip de “La gran broma final”, single de presentación del nuevo disco de Nacho Vegas, La zona sucia. El propio Jonás presenta el videoclip presenta el videoclip: “Se trata de un collage con imágenes de algunas películas que forman parte de mi educación sentimental y cinematográfica. Y también quería extrapolar la historia de una pareja a la historia de todas las parejas y de todas las ficciones de la pareja… Los que hayan visto Todas las canciones hablan de mí quizá reconozcan algunos lugares que formaban parte de la película… Que lo disfrutéis.”

Esta noche se entregan los Goya

Hoy los periódicos traen reportajes y suplementos especiales, porque hoy a las 22h. se celebra la gala de la entrega de los premios Goya, que se puede ver en TVE1. Ya sabéis que Jonás Trueba está nominado a mejor dirección novel y Oriol Vila a mejor actro revelación. Les deseamos mucha suerte a los dos.

Dejamos aquí el reportaje que aparece hoy en El País Semanal con motivo de 25 aniversario de los premios.

25 aniversario de los Goya

Forman parte del recambio. Aportan energía nueva a nuestro cine, que hoy celebra el 25º cumpleaños de los premios Goya. Corren tiempo convulsos, pero también de ilusión, para la industria de los sueños. ¿De dónde venimos?, ¿adónde vamos?

Roza lo metafórico; la película que, hace 25 años, barrió en la primera gala de los premios Goya fue El viaje a ninguna parte, aquella amarga comedia de Fernando Fernán Gómez sobre el desconsolado mundo de los cómicos españoles. Fernán Gómez no asistió a la ceremonia, ni siquiera la vio por la tele. Cenó pronto y se acostó. Los premios, decía, no eran buenos para la salud. Le excitaban. Un cuarto de siglo después de aquella primera gala -que costó 31 millones de pesetas, fue tachada de hortera y tenía a José María Gonzalez-Sinde (padre de la hoy ministra de Cultura) como presidente de la Academia-, las cosas han cambiado radicalmente, aunque ese viaje a ninguna parte parece persistir, palpitando en esta comunidad de hombres y mujeres que se dedican con mayor o menor fortuna a hacer películas.

El panorama es, ciertamente, muy distinto. No es fácil aventurar los derroteros en los que se desenvolverá este gremio en la próxima década. El cine español pasa por una de sus transiciones más críticas, cada vez más polarizado entre grandes y costosas producciones y un cine de bajísimo presupuesto y producción casi casera que intenta abrirse paso al margen de los circuitos comerciales al uso. En plena reestructuración de un sistema de financiación que le sustenta como al paciente crónico que siempre fue, en la encrucijada tecnológica que define una deriva cada vez más global de la narrativa cinematográfica y, además, en el pozo negro de la piratería -que no solo ha devaluado el soporte sino también la necesidad de que exista alguien que quiera contar una historia y de alguien quiera invertir en ella-, se sitúa una cinematografía que, como explica Enrique López Lavinge, uno de los productores más punteros del momento, vive el “peor desencuentro” con el espectador de toda su historia. “Esa resistencia, generada desde la confusión política y desde quienes ven al cine español como un género en sí mismo, ha desembocado en una de las paradojas más crueles e injustas de todo el cine occidental: el desprecio del espectador español hacia un cine poderoso y fresco que ha sorprendido al mundo entero y que, al igual que los éxitos en el deporte de estos últimos años, ha conseguido hacerse un hueco en el cada vez más globalizado panorama del cine actual”.

En efecto, el cine español parece más que nunca un lujoso escaparate de estrellas internacionales (basta citar a Pedro Almodóvar, Javier Bardem, Penélope Cruz) pero también lo es de aspirantes a estrella muy alejados de la barra de aquel humeante café de donde parecían llegar esos cómicos que jamás pisaron una alfombra roja ni sabían lo que era un photocall a la puerta de un estreno. El actor secundario, estirpe de la que se alimentó el cine de Berlanga y el de muchos otros hasta no hace tanto tiempo, ha dejado paso a una generación de chicas y chicos de portada de revista capaces de darle lustre a cualquier gala, ceremonia o evento con su simple presencia. La tele les ha visto nacer y ahora solo falta saber si el cine les verá crecer.

“Hoy para hacer una película hace falta haber pasado por la tele, al revés que hace unos años, cuando la tele dañaba la imagen de un actor que quería hacer cine”, reconoce Sara García Prado, agente especializada en jóvenes. La fama de Mario Casas (probablemente hoy el actor de mayor tirón popular) surgió en la televisión, en la serie Los hombres de Paco. A sus 24 años, Casas lleva desde los ocho haciendo anuncios, vive en El Escorial con sus padres y prefiere ver una buena sitcom inglesa o americana que una película, venga de donde venga. Para su personaje en 3 metros sobre el cielo, la película española más taquillera de los últimos tiempos -una historia de motos, barrios altos y bajos y primeros amores que se ha convertido en un verdadero fenómeno entre el público adolescente-, el actor vio una y otra vez el trabajo de Javier Bardem en Jamón, jamón. “Desde muy pequeño me fijé en él, siempre quise parecerme”, asegura este nuevo ídolo de las masas teen.

Jan Cornet, de 28 años (le veremos en la última película de Pedro Almodóvar, La piel que habito), se alinea con Casas: “Bardem es el ejemplo, es tan difícil lo que hace y lo hace de una manera tan hermosa”. Cornet vive en un piso con otros actores, prepara un viaje a Nepal para ayudar en la ONG de unos amigos y, puestos a encontrarle un parecido, su físico está mucho más cerca de River Phoenix que del de cualquier actor nacional. Aunque el cine patrio es hoy menos que nunca una mina de oro, Cornet lo tiene claro: “Esta profesión es estar en la cuerda floja todo el rato. Pero sé al 100% que siempre trabajaré en esto”.

Ser actor requiere hoy más arrojo y valentía que nunca; depende de la llamada de una industria cuyos cimientos tiemblan. “Las series son hoy nuestra bolsa de trabajo más grande”, dice la actriz Barbara Lennie, que ha optado por una tercera vía para no volverse loca esperando a que suene el teléfono: el teatro. “Te traiciona menos. Es como si fuera un mundo más justo en el que no pueden estar un año sin llamarte porque siempre puedes hacer algo. Para mí fue una tabla de salvación, me ha dado la vida. Llevaba medio año sin trabajar y no entendía nada. ¿Por qué no hago una prueba? ¿Por qué no me llama nadie?”. Lennie, todavía de gira con La función por hacer, es de las que siente cierta nostalgia por el mundo de la generación de actrices (Emma Suárez, Maribel Verdú, Ariadna Gil…) anterior a la suya: “Me hubiera gustado vivir aquellos momentos, ellas no tenían que pasar por campañas de promoción como las de hoy porque todo era más tranquilo y la escala mucho más humana”.

Esa escala humana tiene que ver con ese cine de clase media que parece tocado de muerte con esa polarización entre películas artesanales (con recursos muy ajustados y financiación periférica en su mayoría) y las películas evento (cada vez más cercanas al terrible sistema impuesto en Hollywood de selección natural en el que el valor lo fija lo recaudado por la ultima película). Aventuras del tipo El otro lado de la cama o Días de fútbol, que lograban sin más pretensiones y con presupuestos medios ese deseado consenso entre calidad-público y crítica, parecen tocadas de muerte. En este clima inestable, el cine español se ha disparado al futuro con producciones de aspiración internacional como Intruders (la última película de Juan Carlos Fresnadillo, protagonizada por Cliwe Owen, Daniel Brühl y Pilar López de Ayala) y Lo imposible (de Juan Antonio Bayona, con Naomi Watts y Ewan McGregor al frente del reparto).

Siendo películas 100% españolas, ambas han sido rodadas en ingles y están previamente vendidas al mundo entero. Al frente de la productora Apache, López Lavinge, explica así la paradoja: “Estas películas son un fiel reflejo del signo de los tiempos, del cambio radical en los modelos que conocemos como cine español que ya no se ajustan a ningún estándar y que posiblemente nos permitan desembarcar en otras playas y luchar en otras trincheras lejos de la sensación de agotamiento que desprenden las noticias que generamos”. Apache también está detrás de Verbo, ópera prima de Eduardo Chapero Jackson.

Producir una primera película será cada vez algo más difícil, con presupuestos casi un 40% por debajo a los de hace un par de años. Mar Coll logró en 2010 el Goya a la mejor dirección novel con Tres días con la familia. El filme fue un pequeño acontecimiento que barrió en el festival de Málaga y también en los circuitos catalanes. Forma parte del proyecto de la ESCAC (Escuela de Cine de Cataluña) y Escándalo Films para producir óperas primas a sus alumnos. La propia cineasta reconoce que su segundo paso será, en todos los sentidos, más difícil. De momento, vive como una estudiante pese a casi alcanzar la treintena y escribe un nuevo guión. “Yo creo que hay un claro recambio generacional”, dice esta directora que no quiere que el cine la desconecte de la realidad sino que le dé “otro enfoque”. Escribió Tres días con la familia en México, durante los cuatro años que vivió allí: “Disfruté mucho con el proceso de escritura, es el momento en el que todavía puedes hacer la mejor película del mundo. El rodaje tiene un componente de frustración muy elevado porque te das cuenta de que no será la mejor película del mundo. Pero por otro lado es bonito descubrir como se irá componiendo”.

En medio de este paisaje, el cine español cuenta con su peor cuota de mercado. Y eso que no se habla de otra cosa que del cine español, ese cine español, dicen, que siempre estuvo en crisis, siempre tuvo inclinación a las predicciones agoreras y siempre sobrevivió bandeando temporales. La última tormenta perfecta está directamente relacionada con la Gala de los 25 años de los premios Goya y tiene a la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y al presidente y vicepresidenta de la Academia, Alex de la Iglesia e Icíar Bollain respectivamente, en el oleaje de una polémica (la del pulso Sinde-De la Iglesia por la ley antidescargas). Inevitablemente marcará una ceremonia que pondrá en disputa Balada triste de trompeta, del director vasco (15 candidaturas); Pa negre, de Agustí Villaronga (14 candidaturas); También la lluvia, de Bollain (13 candidaturas) y Buried, de Rodrigo Cortés (10).

“En España somos un poco raros”, afirma Adriana Ugarte, la protagonista de la serie La señora y uno de esos rostros futuros que más vale no perder de vista. “Cuando algo nos gusta mucho estamos deseando que la cague. Creo que en el fondo es porque idealizamos demasiado a la gente. Un amigo actor me dijo una vez que el espíritu de un actor tiene que ser el del proletariado y no el de las estrella. Que en el momento que te crees una estrella te vuelves un pesado. Lo tengo muy presente y así he logrado quitarme ese alma de quejica que llevo dentro”

La queja siempre fue muy española. Aunque, como decía Andrei Tarkosvki refiriéndose a los clásicos, cuesta encontrar tanta fidelidad a la vocación creativa “casi profética” como en los españoles. En un ensayo más reciente, Mutaciones del cine contemporáneo (Errata Naturae), de Jonatahn Rosenbaum y Adrian Martin, se lanza la siguiente reflexión: “Compartimos un entorno determinado en el pelean por la hegemonía tres actitudes respecto al cine: pesimismo cultural, afirmación del mercado e ironía… […] La segunda actitud es la de los portavoces de la industria de los medios de comunicación, repitiendo las órdenes del mercado en voz alta. Los irónicos se diferencian de la corriente dominante haciendo alarde de su modernismo: siempre están a un paso por delante del mercado, para ser alcanzados tan solo en cuestión de meses (han acuñado el término independientes)”.

Aunque para independientes, Juan Cavestany. Rodó Dispongo de barcos, su segundo largometraje, durante un año, en fines de semana y gracias al trabajo sin remunerar de actores como Antonio de la Torre o Roberto Álamo “Nadie es mejor por hacerlo más independiente”, afirma el director. “Hacerlo en plan guerrilla no garantiza que la película vaya a ser buena. Yo he hecho una película pequeña no porque piense que hay que hacer las películas así, sino porque mis ganas han sido más fuertes que mi descreimiento. Quería que la película que yo tenía en la cabeza fuera luego exactamente la película que ha terminado siendo”.

El cine sigue siendo el arte que más trabajo de equipo y colaboración requiere. Y por eso, Cavestany añade: “El guionista no puede vender la película al público. El director no tiene porqué conseguir el dinero. El productor no tiene que decirle al director como se dirige a los actores. Y el distribuidor no sabe escribir guiones. Hacer cine pensando en resultados de taquilla es como un director que entre toma y toma le dice a un actor: ¡más cómico! o ¡más dramático!. El resultado va a ser casi seguro, desastroso”.

Queda esperanza. Nuevas narrativas, nuevas fronteras entre los géneros… El gallego Oliver Laxe logró en 2010 el premio de la crítica internacional de la Quincena de Realizadores de Cannes por Todos sois capitanes, una ficción documental rodada con dos duros en una escuela en Tánger. Y también el colectivo de cineastas Los Hijos (Natalia Marín, Javier Fernández y Luis López) logró colocar Los materiales (según se mire documento, experimento, ficción o investigación) en las listas elaboradas por algunas webs y revistas de las mejores películas de 2010. Así, mientras Laxe es un nómada armado con una cámara, que viaja por el valle del Draa, a las puertas del desierto, habitando los espacios que quiere filmar y telegrafiando su futuro inmediato como quien narra una incomparable aventura (“Me adentro la semana que viene en el desierto, únicamente mojar los pies un momentito, no pillo caravana ni nada por el estilo. Estoy cerrando un guión, quiero filmar a finales del año que viene, principios de 2012. Busco palmerales”), Los Hijos buscan nuevos horizontes con sus revisiones de “un cine después del cine”. En una de sus primeras películas -la miniatura de 9 minutos Ya viene, aguanta, riégueme, mátame, (2009)- este colectivo trabajó a partir de cuatro secuencias icónicas del cine español. Juntos regresaron a localizaciones originales de El espíritu de la colmena, Historias del Kronen, La ley del deseo y Amantes para respirar, respetando los encuadres exactos, las huellas de un cine cuyos espectros se resisten a desaparecer, como con uñas y dientes también se resisten a dejarnos aquellos cómicos que hace 25 años emprendieron ese viaje sin retorno a ninguna parte.

Ver reportaje.

 

Una entrevista con Oriol Vila: ¿por qué corre Ramiro Lastra?


Ramiro acaba de romper con su novia, trabaja en una librería y ha vuelto a casa de su madre, ¿podrías explicarnos un poco quién es Ramiro Lastra?

Ramiro es un personaje difícil de definir, pero básicamente es un chico que está profundamente enamorado de Andrea (Bárbara Lennie). Creo que lo que le pasa a Ramiro es que tiene un bloque emocional, como si el cuerpo no respondiera a lo que la cabeza le dice. Está mal conectado y durante toda la película trata de salir de ese bloqueo. Hay una cosa que me gusta mucho de Ramiro, algo físico, y que me parece que lo define: la manera en que fuma. Fuma como para respirar, lo necesita pero le hace daño.

Creo que lo que construye a Ramiro Lastra son sus amigos: Bruno Bergonzini, Bárbara Lennie, Dani Castro, Valeria Alonso… ellos le definen. Y todos los personajes de la película comparten una cierta ambigüedad porque ninguno es lo que parece. En el caso de Ramiro, no es que sea un playboy, como dice Fontserè, ni un donjuán al uso, pero hay algo de imprevisibilidad en él. De pronto puede tener un punto canalla, perverso o gris. Y es bonito ver cómo está con Andrea, con Irene o con Silvia de manera distinta.

La película está plagada de pequeñas pinceladas literarias: Ramiro trabaja en una librería, se citan libros, él escribe… ¿cómo incorporaste eso a la preparación del personaje?

Aunque es verdad que el mundo literario está muy presente, no centré mi atención por ahí. Hay pequeños detalles en los que me fijaba para: por ejemplo, los jerseys que lleva Ramiro son de alguien que no va a comprarse ropa, no se peina al salir de la ducha, al mismo tiempo me preguntaba cómo le afecta esa sensación de pérdida que tiene con respecto a Andrea y si está deprimido. Por otro lado, algo muy característico de Ramiro es la manera de caminar, que surge de un modo muy casual: por los zapatos que escogió Laura Renau. Aunque Jonás sí tenía claro que Ramiro cuando se desplaza, va corriendo. A partir de esos detalles físicos conectas con lo emocional. Suelo trabajar desde las actitudes físicas. Iba con Jonás a la librería, tocaba los libros… Me gusta basarme en cosas más físicas, es decir, si tienes que interpretar a un poeta no es necesario que te pongas a escribir poesía –sí a leerla-, pero sobre todo es importante que mires cómo coge el cuaderno, o el boli. Por ejemplo, si tienes que hacer de Mozart, es imposible que intelectualmente llegues a la genialidad musical de Wolfang Amadeus Mozart, tienes que acercarte a su sensibilidad y preguntarte qué tipo de animal es. Yo intento llegar a lo emocional a partir de lo físico: cómo se siente él con respecto a ese bloqueo emocional y físico. Una vez que tienes eso, la parte más difícil es dejarte llevar por la historia y escuchar al otro. Partes de una actitud física y luego vas trabajando lo emocional, como en un huerto, hasta que se conectan.

Tu trabajo en la película es muy delicado: consigues un equilibrio entre la melancolía y la canallada, a veces resulta simpático y otras un poco menos, ¿cómo has conseguido ese difícil equilibrio?

El trabajo físico, de química pura, lo han construido Jonás, Daniel Gascón, coguionista, y Marta Velasco, la montadora: eso determina mucho el resultado del personaje. En realidad, yo no he tenido el control absoluto del personaje, yo era como un animalito que iba sacando cosas que luego han montado. En ese sentido, el resultado no está en manos del actor. Además, aunque he estado muy involucrado en el proyecto, he tenido muy poca consciencia de lo que estaba haciendo; hasta que no vi la película en el cine, para mí, era una incógnita. Pero creo que eso solo es posible cuando el director confía al cien por cien en ti; porque una de las cosas que más daño puede hacer a un actor es sentir que el director no le quiere. Jonás siempre ha tenido una fe ciega en mí, y es muy bonito cuando sucede esto. Tener un director que te conoce, que te sabe cuando estás siendo de verdad y cuando estás construyendo algo prefabricado –como era mi caso con Jonás- y que además confía plenamente en ti es el clima ideal de trabajo.

Además, he tenido la suerte de estar rodeado de gente como Bárbara Lennie, Ramón Fontsrè, Bruno Bergonzini, Valeria Alonso, Ángela Cremonte… todo ese universo hace que, sin que yo haga nada, Ramiro sea más rico. Esa compañía hace que sea mejor actor y Ramiro mejor personaje. Cuando todo está en su lugar y está bien orquestado tienes la sensación de que no has hecho nada. A pesar de que fue muy duro, agotador y desgastante, tengo la sensación de que yo no hacía prácticamente nada, que todo lo hacían mis compañeros. Yo era el capitán de un barco porque era el protagonista, pero me dejaba llevar por ellos.

Por otro lado, hacer cine es mágico: todo es irrepetible. Cuando veo la película, veo mi cara y el pelo; veo la película pero también estoy reviviendo el rodaje y lo que me pasaba, y creo que nos retrata a nosotros además de contar la historia de Ramiro y Andrea. Además, creo que eso es lo que te hace aprender como actor.

Bárbara y tú habéis construido una pareja muy real, muy creíble, mostráis la rutina y el conocimiento del otro y también el hastío de la pareja; háblanos de cómo ha sido trabajar con Bárbara.

Bárbara es una actriz muy buena. Hay actores que son mentales, crean desde la cabeza, y pueden hacer grandes cosas. Pero hay otro tipo de actores que son los que te impresionan, que son los actores de raza, cualquier cosa que hacen siempre están bien. Y Bárbara es una actriz de raza. Los actores de raza se tiran a la piscina y los mentales tocan el agua antes de tirarse. Bárbara es una actriz muy potente, me impresiona, y eso beneficia a la película y a Ramiro Lastra. Bárbara está conectadísima con todo y conmociona por la calidad emocional que tiene y por su humanidad.

Falta menos de un día para la gala de los Goya y tú estás nominado como mejor actor revelación por tu personaje Ramiro Lastra, ¿cómo te tomaste la nominación? ¿Cómo te preparas para lo noche del domingo?

Nunca pensamos que Ramiro Lastra iría a los Goya, ni se nos pasó por la cabeza. Normalmente te nominan por personajes eléctricos, multicolores, intensos y me sorprendió mucho la nominación. Estamos muy contentos y ahora que faltan dos días, me voy poniendo nervioso por momentos. Pero creo que tengo la actitud buena, que es: voy, estoy muy contento porque la nominación ya es un premio, pero pienso ¿y si me lo dan? Vamos a pasárnoslo bien y a disfrutar.

Con los premios siempre hay que contar con el factor suerte, que ya lo hemos tenido en las nominaciones, y tengo una sensación rara, como de que vamos allá a jugar a la ruleta y a ver qué pasa.

Aunque lo que de verdad me gustaría es que nos dieran el Goya a los dos, a Jonás y a mí, y que eso sirviera para que se reestrenara la película; que se le diera una segunda oportunidad a la película, que aguantó mucho y que gustó muchísimo. Eso sería lo que me haría feliz, que se reestrenara.

Aquí dejamos el tracklist de las canciones de Oriol Vila y esperamos que le dé suerte para mañana:



 

Una entrevista a Oriol Vila en Público

Hoy, en Público, aparece esta entrevista a Oriol Vila, nominado a mejor actor revelación por encarnar a Ramiro Lastra.

“Es la vez que menos máscaras me he puesto”

Oriol Vila. Actor revelación. Siente pudor al verse tan parecido al melancólico personaje de ‘Todas las canciones hablan de mí’

SARA BRITO MADRID 08/02/2011 08:20

Oriol Vila protagoniza Todas las canciones hablan de mí', de Jonás Trueba. - M. FERNÁNDEZ

Oriol Vila protagoniza Todas las canciones hablan de mí’, de Jonás Trueba. – M. FERNÁNDEZ

En la ducha o en el tren. Cualquier lugar es bueno para garabatear mentalmente un discurso. En esos lugares ha empezado a hacerlo Oriol Vila (Barcelona, 1978), que no quiere olvidarse de nombrar ni a su madre si el próximo domingo gana el Goya al que está nominado: el de mejor actor revelación por su papel del melancólico Ramiro Lastra en Todas las canciones de mí. El debut de Jonás Trueba tras las cámaras, que le ha valido también una candidatura a mejor dirección novel, es el primer papel protagonista de Vila, después de una larga carrera teatral y televisiva (en TV3 sobre todo) y de un puñado de papeles secundarios en filmes como El séptimo día o el también nominado Pájaros de papel, de Emilio Aragón.

Usted no es un recién llegado a la interpretación, pero este es su primer protagonista en cine. ¿Ya era hora?

Es la mejor manera de empezar, con alguien de confianza y un personaje muy bien escrito. Ha sido una suerte. En cine he hecho secundarios característicos y puntuales. Y cuando haces un secundario es muy agradecido por una parte, pero a la vez es complicado porque los días que vas a rodar tienes que dar en la diana. En cambio, tengo la sensación de que con un protagonista viajas con la película, formas más parte de ella. También depende: hay directores que te piden que vayas con una propuesta clara y otros que te piden que te dejes llevar.

Y ¿cómo es Jonás Trueba?

Le gusta mucho que las cosas sucedan en rodaje. Ensayamos bastante, pero era para bucear en el mundo de Ramiro. Por eso quiso que yo estuviese muy involucrado en el proyecto, desde las localizaciones a los decorados. Me lo contaba todo. A la vez, él quería que nos permitiésemos que las cosas que sucedieran en plano fueran parte de la realidad de la vida, que no estuviera medido.

En ese sentido, usted y Bárbara Lennie aportaron mucho de sí mismos a los personajes. ¿Es así?

Es la vez que menos me he escondido detrás del papel y que menos máscaras me he puesto. Cuando veo la película me causa mucha impresión y pudor porque veo que lo que le sucede al personaje es lo que me estaba sucediendo a mí en ese momento. Y me impacta porque creo que no podría volver a hacer eso. Jonás se fijó mucho en cómo estaba yo física y emocionalmente y lo aprovechó. Además, algo que tengo en común con Ramiro es la manera en que él se ve a sí mismo como un tipo deconstruido.

¿Cambió el personaje del guión al rodaje?

Al guión de Daniel [Gascón] y Jonás le pasa lo que a las obras de Chéjov, dependiendo de qué actor lo interprete es de un color u otro. El guión de Todas las canciones… permite que el actor haga el papel a su manera. Si Ramiro Lastra lo hubiera interpretado otro actor sería otra película. Por eso no tengo conciencia de cómo varió, porque siempre he sentido que era yo el que haría ese papel.

También actúa en otra nominada, Pájaros de papel’, ¿en qué se parecen Aragón y Trueba?

Con Emilio cada día de rodaje era emocionante, como con Jonás. La verdad es que he tenido una suerte enorme con los dos. Ambos han hecho la película que necesitaban hacer y la han hecho desde las entrañas y el corazón.

¿Qué ambición tiene como actor?

Trabajar. Y si tengo la suerte de hacerlo en proyectos buenos, mejor. Me tranquiliza haber sido nominado al Goya a los 32 años y no antes. Es una alegría inmensa, pero si no me lo dan no va a cambiar nada en mi vida. El trabajo es lo que te convierte en actor. Esto no es un don.

Entre nominados

Ayer, ABC publicaba esta charla entre los nominados a mejor dirección novel para los Goya 2011.

Noveles Goya: Directores en la edad de la inocencia

La XXXI Semana del Cine Español en Carabanchel nos ha permitido reunir a tres de los cuatro directores noveles candidatos al Goya. Ellos hablan para ABC sobre sus sensaciones ante la gala

FEDERICO MARÍN BELLÓN / MADRID
Día 06/02/2011 – 19.29h

Juana Macías («Planes para mañana»), Jonás Trueba («Todas las canciones hablan de mí»), David Pinillos («Bon Appétit») y Emilio Aragón («Pájaros de papel») compiten por uno de los premios más interesantes de la noche, en teoría un anticipo de lujo de lo que será el cine español del futuro.

¿Cambia la vida un Goya? «El que me dieron no me la cambió», cuenta Juana Macías, ganadora por el mejor corto en el año 2000, «pero me ayudó a que me mirasen con más interés cuando iba a presentar un proyecto». «Es un premio a toda la gente que la ha hecho contigo», explica Pinillos. «Si eso ocurre con cualquier película, con la dirección novel más aún. Sí puede ayudar a levantar el próximo», corrobora el montador y director. «No te la cambia nada», dice Jonás Trueba. «A veces hemos visto ganadores que luego ha crecido mucho, pero no por el premio. Otros lo han tenido y se han diluido. Influye la suerte y muchos factores. Se trata de que no te vuelvas loco y que si lo ganas no te lo creas y te bloquee para la siguiente película».

Buena cuestión, la de la segunda película.¿Existe una especie de maldición al respecto?

D.P.: «Emilio Aragón dice que va a hacer la tercera directamente. Da vértigo, porque son los miedos de siempre. Has cometido errores por defecto que ahora te vas a pasar por exceso».

J.T.: «Yo creo que es la crisis de cada película. Hay un cierto abismo siempre y creo que es normal, como ante la hoja en blanco».

E.A.: «La trayectoria internacional y los premios recogidos hacenque afronte ”la segunda” con muchas ganas y muchomiedo. Miedo siempre tengo».

También parece que tras terminar una película queda una especie de vacío o depresión post parto.

J.M.: «No me ha dado tiempo, porque entre medias se me ha juntado un parto de verdad».

D.P.: «Sí que te queda un vacío, como si los hijos se fuesen de casa».

E.A.: «Sí, después de compartir momentos tan intensos, despedirme del equipo fuedoloroso. Peroenseguida nos liamos con lo siguiente y eso hace que podamos seguir».

¿Siente inseguridad ante el equipo un director novato?

J.M.: «Uno de los retos era que el equipo técnico y el artístico confiaran en mí. Una de las cosas que me hacen sentir más orgullosa es que lo conseguí».

D.P.: «Al principio son más las desconfianzas que tú tienes. Yo necesito que el ambiente ea bueno. Eso no quiere decir buen rollo. Escuchar no es una técnica habitual, pero el equipo enseguida entendió la propuesta y nunca me sentí presionado, sino muy respaldado».

J.T.: «En mi caso el equipo eran amigos, gente de confianza, a menudo más novatos que yo. Sí es verdad que cuando empiezas generas desconfianza para conseguir financiación, lógica, por otro lado. La hay en cada película, incluso con directores veteranos».

El caso de Emilio Aragón es algo distinto. ¿Se considera en desventaja o puede ser incluso algo bueno porque la Academia quiera rendirle una especie de homenaje?

«Lo importante no es discernir si estoy o no en desventaja, lo que me llena de satisfacción es compartir la ilusión de la nominación y disfrutarlasea cual sea el resultado. Con respecto al reconocimiento, con honestidad, no siento que ninguna institución tenga que rendirme homenaje alguno, y menos el cine, donde acabo de llegar».

¿Cómo ven el pequeño cisma abierto?

J.M.: «Es una ley complicada y podría ser mejor, pero en lo que toca a la dimisión de Álex y la repercusión en la Academia y en el cine, me parece una polémica innecesaria. A lo mejor la gala tiene más audiencia (como dice la ministra), pero yendo más allá, bueno no es».

D.P.: «Lo que hay que hacer es hablar y buscar una solución. De repente, por unos malentendidos y unas opiniones que no acabo de entender se da una impresión del cine que no es real. Trabajar como montador me ha costado muchísimo y ahora hacer una película más y me da pena que demos esta impresión».

J.T.: «La sensación es que se ha hablado de más, en general, y no quiero atizar el fuego. Me da la sensación de que los medios le han dado una importancia desmesurada, de forma irresponsable incluso, pero también empezando por la gente del cine. Con una crisis terrible, que las portadas de los medios las ocupe un tema gremial, sin importancia, creo que a la gente le molestará. Si me molesta a mí…»

E. A.: «Los conflictos y las dificultades están presentes tanto en el cine como en la televisión, la música y otras muchas facetas del arte. No son tiemposfáciles para nadie, son muchos cambios en poco tiempo y encontrar la manera de adaptarse a los nuevos escenarios es siempre una fuente de mucha tensión. Sólo puedo agradecer el esfuerzo de todos aquellos que trabajan por conciliar posturas».

El año también ha sido terrible para la taquilla en general, no solo para las películas españolas.

J.M.: «El año anterior no fue así. No es una tendencia regular. Puede ser circunstancial o que la gente no encuentra lo que quiere ver o prefiere otro tipo de ocio o ver el cine en su casa».

D.P.: «La crisis habrá influido y los medios para ver cine están cambiando. Y una cosa fundamental de la que se habla menos: yo soy de Segovia y los cines están desapareciendo de los centros de las ciudades. Recuerdo ir paseando y meterme en el cine. Ahora un chaval de 12 años se tiene que coger un autobús o que lo lleven al centro comercial».

J.T.: «Las cifras parece que han bajado mucho, pero en Francia o en Italia la asistencia ha subido. Hay una crisis y un cambio, es verdad, pero creo que la gente sigue queriendo ir al cine. En este país se está haciendo algo mal, no solo la gente del cine. Hay un deber no solo del Estado, sino de los exhibidores, los distribuidores… incluso los ciudadanos. Es desalentador, porque sigue siendo un gran plan ir al cine y una sociedad que no va, que se queda en casa, me parece inquietante».

La hipótesis del cine, según Jonás Trueba

Hace unos días, Jonás escribía en su blog del libro de Alain Bergala La hipótesis del cine, que compartimos con vosotros.

Hipótesis del cine

01 FEB 2011 20:35

Al final del tunel nos espera el único tema verdaderamente importante, que es la educación. En algún rincón de ese sótano polvoriento se encuentra la promesa, largamente aplazada, de una enseñanza del cine y de las imágenes. Ahora que vivimos en la era de lo audiovisual, se impone la necesidad de tratar al cine con más seriedad que nunca, pero también como a un amigo que puede ayudar y ser útil. Hasta ahora el cine no ha sido más que un deporte de segunda, algo de lo que opinar sin demasiado esfuerzo. El cine no debería perder nunca su raigambre popular, pero no debemos desdeñar su importancia artística, intelectual y humanista. Eso es lo que propone Alain Bergala en La hipótesis del cine, libro fundamental y a reivindicar, uno de los mejores que he leído en mucho tiempo, y que lleva este hermoso subtítulo entre paréntesis: (pequeño tratado sobre la transmisión del cine en la escuela y fuera de ella).

Bergala habla desde su experiencia como cineasta pero también desde su experiencia como profesor y director de una las iniciativas más ambiciosas que se han llevado a cabo en la enseñanza del cine. Estamos hablando de Francia, por supuesto. Aquí en España nunca ha habido el más mínimo interés en introducir el cine en las escuelas. Quizá la mejor iniciativa ha surgido hace poco, en Cataluña, partiendo curiosamente del modelo francés que propugna Bergala. Poco más. Muchos recordaremos las películas que nos ponían en clase de filosofía o de literatura para ilustrar ciertos conceptos o apoyar la lectura de alguna novela clásica… Recuerdo ver Ran de Kurosawa cuando repasábamos El rey Lear de Shakespeare. O diferentes versiones cinematográficas del Quijote o Madame Bovary…. Sin embargo, no creo que nadie llegara a analizar con rigor aquellas películas, ni que se hablara del cine con verdadero fundamento. Es normal, pues la mayoría de aquellos profesores eran especialistas en otras materias, y no tenían porqué saber desentrañar aquello que las mejores películas llevan dentro y que es su más preciado tesoro.

Lo más preocupante es que esa tendencia de usar las películas como mero instrumento ilustrativo ha calado en diferentes capas de la enseñanza, y hasta cuando se enseña el cine en la universidad y en las escuelas privadas, muchas veces no se hace otra cosa que analizar la película a partir de su sentido y significado, un método sin duda tranquilizador para muchos profesores inexpertos en materia cinematográfica, pero que no hace otra cosa que empobrecer el cine, pues se le aplica una vía de análisis más propia de otras artes. Bergala aboga por “empezar a pensar la película no como un objeto, sino como una traza final de un proceso creativo, y el cine, como un arte. Pensar la película como la traza de un gesto de creación. No como un objeto de lectura, descodificable, sino cada plano como la pincelada del pintor a través de la cual se puede comprender un poco el proceso de creación”.

En definitiva, y Bergala no tiene reparos en decirlo así, se trata de pensar el cine como arte, arte impuro pero arte al fin y al cabo y, además, repleto de singularidades. Dicho esto, hay que apresurarse a matizar lo que puede ser el cine como arte. Para Bergala “el gran arte es lo opuesto a un cine que exhibe un valor artístico añadido. Es la aridez de Rossellini o de Bresson. Es el rigor impecable y sin ungüentos de un Hitchcock o un Lang. Es la limpidez de Howard Hawks, la desnudez de las películas de Kiarostami. Es la vida que desborda cada plano de Renoir o de Fellini. Es cada vez que la emoción y el pensamiento nacen de una forma, de un ritmo, que sólo podían existir en y por el cine”.

Una de las ideas más hermosas que se respira a lo largo del libro de Bergala es la de aprender a amar el cine. Y ese aprendijaze se produce a través de la “transmisión” de ese amor, de una persona a otra, del profesor al alumno en el ámbito escolar, y a través de los amigos o los familiares fuera de la escuela. Para esta figura, cuya responsabilidad en nuestra educación es incalculable, Bergala escoge el nombre de “pasador”. Frente a la amnesia generalizada que producen ciertos programas de televisión, así como tantas películas de consumo para usar y tirar, fabricadas ex profeso para los jóvenes, el “pasador” sería el primer encargado de señalar un camino distinto, sin duda más largo y laborioso, a través “de una serie de obras que deben ser asimiladas lentamente y actuar por impregnación más que por transmisión voluntarista”. Se trata de “construir un imaginario del cine allí donde sólo hay superposición de películas autistas”. Para ello, a través de una inicitiva institucional se elaboró una cesta compuesta por cien películas de todas las épocas y culturas. Una devedeteca que se denominó L’Eden cinéma y que se introdujo en las escuelas y a la que todos los alumnos podían tener acceso a lo largo de su periodo escolar, independientemente del uso que hicieran de ellas los profesores.

Pero más allá de un libro educativo, lo que Bergala ha escrito debería ser una guía para futuros profesores de cine, así como y, sobre todo, para futuros cineastas. Es imposible resumir aquí toda su riqueza. Está lleno de hallazgos y de reflexiones preciosas, verdaderas, y respira un amor por el cine que se transmite en cada página. Una primera hipótesis por la que empezar un acercamiento diferente al cine y las películas, desde una frecuentación más sensible y poderosa, más moderna y propicia para estos tiempos. El primer paso para aprender a disfrutar y construir mejores imágenes en el futuro.

Jonás Trueba en Culturamas

Hoy en Culturamas, una charla de Luis Muñoz Díez con Jonás Trueba

Luis Muñoz Díez habla con Jonás Trueba de cómo le gusta ver a él las películas.

febrero 2, 2011 · Deje un comentario

Luis Muñoz Díez habla con Jonás Trueba de cómo le gusta ver a él las películas.Con fotos de Pablo Álvarez.

El principio del fin del Cine llegó con la televisión. Ya no hacía falta desplazarse a ninguna parte para ver una buena película. Sólo tenía el inconveniente que el metraje de una película se estiraba y para ver cien minutos se ponía casi en el doble por las interrupciones de la publicidad. El segundo escalón de bajada fue el vídeo y el DVD, no sólo se podía ver cine en casa, si no que podíamos elegir lo que queríamos ver. Pero hasta ahí había un límite, la televisión era gratis pero no podías elegir y para el DVD había que pagar un alquiler.

El verdadero descalabro para el cine llegó con Internet y los manteros, que han colocado a productores y a salas de exhibición en un serio aprieto.

Estos días es noticia la dimisión de Alex de la Iglesia como presidente de la Academia de Cine en protesta por la ley llamada “Sinde”. La profesión parece una jaula de grillos, en la que a veces no se dice lo mismo en privado que en público ni se trata con el mismo celo la obra ajena que la propia. Para el público la ley llega tarde ahora que se había acostumbrado a las descargas gratis le parece perder un derecho que tiene.

Me he propuesto hacer un muestreo de lo que opinan del futuro del Cine los profesionales. Se lo pregunté a Jonás Trueba cuando estrenó Todas las canciones hablan de mí y su opinión me parece valiosa, porque es guionista, director y, como amante del cine, consumidor.

¿Cómo ves el futuro del cine Jonás?

Eso es algo que me pregunto yo también. Yo creo que estas salas –cuando se refiere a estas salas habla de la sala del cine Princesa donde mantenemos esta conversación-, van a ser las menos perjudicadas porque tienen un público más fiel y más cinéfilo.

¿Ves el futuro con salas o nos saltaremos ese paso y se estrenará directamente en Televisión para pasar a DVD e Internet?

Quiero pensar que el público seguirá asistiendo a las salas. Sería muy rara una sociedad en que la gente no quiera salir de casa para ir al cine, porque al fin y al cabo es un plan perfecto más allá del cine en sí mismo. Está el hecho de salir, caminar, coger el metro, comprar una entrada y al salir tomar una cerveza. El ir al cine conlleva tantas cosas…

Sí, el hecho de ir al cine está por encima de ver una película, pero quizá la gente más joven ya no tenga esa costumbre.

Se dice que los jóvenes ya no van al cine y eso habla muy mal de los jóvenes. No sé lo que hacen…y me inquieta mucho.

¿Qué se podría a hacer para que los jóvenes vuelvan a las salas?

Creo que ahí tenemos que hacer una labor pedagógica que no estamos haciendo con respecto al cine en el sistema educativo. Vivimos en un mundo audiovisual y es un grave error del sistema educativo el no incorporar el lenguaje del cine enseñando a mirar, como por ejemplo hicieron en Francia, y todo eso ha derivado en el problema de las salas, pero es normal, si no les explican a los chavales como mirar una película y cuales son las mejores condiciones para hacerlo.

Pero a quienes nos gusta el cine no dejamos de ir a las salas, pero también nos beneficiamos de las otras ventajas.

Yo soy el primero. Me encantan las ventajas de poder ver las películas en mi casa en la pantalla del ordenador. Tengo un pequeño aparato, las veo y disfruto con el Ipod, por ejemplo estos días tenía uno y lo estuve viendo. Es un buen aparato para ver cine en contra de lo que han dicho, no es para leer. Su pantalla es buena para ver cine.

Te veo entusiasmado.

Está  muy bien y creo que va a haber una convivencia entre la sala y esto, pero también es verdad que estas salas de cine, que son los llamados a quedar, tienen la pantalla muy pequeña y la gente está teniendo cada vez pantallas más grandes en casa.

Estas pequeñas salas tienen su encanto, salir de tu casa, acudir a una primera sesión en la que hay poco público, es de día, compras la entrada y te acomodas en la oscuridad, casi emboscado, para ver lo que ocurre en la pantalla. Estás viendo algo que sientes que se proyecta para ti y si vas acompañado surge una complicidad con la otra persona de estar viendo lo mismo. Todo esto tiene una intriga, un interés y un calor que no tiene el pulsar el botón en un reproductor de DVD.

Sí, estoy totalmente de acuerdo y creo que es lo que salva a las salas. Está el acto de ir al cine que va más allá de ver una película. Tiene más que ver con tus relaciones personales, vas con la novia, con la chica que te quieres ligar o con un amigo que quedas y después te tomas unas cañas.  Es lo que te decía, una necesidad de salir, de andar, de reunirte, de tomar después una cerveza…

Jonás tiene una idea parecida del Cine a la que yo tengo y ahí queda su opinión que para mí es importante, pero no sé si el tiempo de la tres Ces -Cena, Cine y Copa- ha pasado, y a las salas sólo acudiremos los que tenemos la lección ya aprendida. Mientras, los más jóvenes, saldrán de casa con la película ya vista, y no será un tiempo ni mejor ni peor sólo distinto, y seguirán hipnotizándose con las imágenes filmadas, se reflejen en un espejo, en el río o en la luna, y quizá sea eso lo único que tenga importancia para que el Cine siga vivo.

Luis Muñoz Díez con el director Jonás Trueba