Una entrevista con Oriol Vila: ¿por qué corre Ramiro Lastra?


Ramiro acaba de romper con su novia, trabaja en una librería y ha vuelto a casa de su madre, ¿podrías explicarnos un poco quién es Ramiro Lastra?

Ramiro es un personaje difícil de definir, pero básicamente es un chico que está profundamente enamorado de Andrea (Bárbara Lennie). Creo que lo que le pasa a Ramiro es que tiene un bloque emocional, como si el cuerpo no respondiera a lo que la cabeza le dice. Está mal conectado y durante toda la película trata de salir de ese bloqueo. Hay una cosa que me gusta mucho de Ramiro, algo físico, y que me parece que lo define: la manera en que fuma. Fuma como para respirar, lo necesita pero le hace daño.

Creo que lo que construye a Ramiro Lastra son sus amigos: Bruno Bergonzini, Bárbara Lennie, Dani Castro, Valeria Alonso… ellos le definen. Y todos los personajes de la película comparten una cierta ambigüedad porque ninguno es lo que parece. En el caso de Ramiro, no es que sea un playboy, como dice Fontserè, ni un donjuán al uso, pero hay algo de imprevisibilidad en él. De pronto puede tener un punto canalla, perverso o gris. Y es bonito ver cómo está con Andrea, con Irene o con Silvia de manera distinta.

La película está plagada de pequeñas pinceladas literarias: Ramiro trabaja en una librería, se citan libros, él escribe… ¿cómo incorporaste eso a la preparación del personaje?

Aunque es verdad que el mundo literario está muy presente, no centré mi atención por ahí. Hay pequeños detalles en los que me fijaba para: por ejemplo, los jerseys que lleva Ramiro son de alguien que no va a comprarse ropa, no se peina al salir de la ducha, al mismo tiempo me preguntaba cómo le afecta esa sensación de pérdida que tiene con respecto a Andrea y si está deprimido. Por otro lado, algo muy característico de Ramiro es la manera de caminar, que surge de un modo muy casual: por los zapatos que escogió Laura Renau. Aunque Jonás sí tenía claro que Ramiro cuando se desplaza, va corriendo. A partir de esos detalles físicos conectas con lo emocional. Suelo trabajar desde las actitudes físicas. Iba con Jonás a la librería, tocaba los libros… Me gusta basarme en cosas más físicas, es decir, si tienes que interpretar a un poeta no es necesario que te pongas a escribir poesía –sí a leerla-, pero sobre todo es importante que mires cómo coge el cuaderno, o el boli. Por ejemplo, si tienes que hacer de Mozart, es imposible que intelectualmente llegues a la genialidad musical de Wolfang Amadeus Mozart, tienes que acercarte a su sensibilidad y preguntarte qué tipo de animal es. Yo intento llegar a lo emocional a partir de lo físico: cómo se siente él con respecto a ese bloqueo emocional y físico. Una vez que tienes eso, la parte más difícil es dejarte llevar por la historia y escuchar al otro. Partes de una actitud física y luego vas trabajando lo emocional, como en un huerto, hasta que se conectan.

Tu trabajo en la película es muy delicado: consigues un equilibrio entre la melancolía y la canallada, a veces resulta simpático y otras un poco menos, ¿cómo has conseguido ese difícil equilibrio?

El trabajo físico, de química pura, lo han construido Jonás, Daniel Gascón, coguionista, y Marta Velasco, la montadora: eso determina mucho el resultado del personaje. En realidad, yo no he tenido el control absoluto del personaje, yo era como un animalito que iba sacando cosas que luego han montado. En ese sentido, el resultado no está en manos del actor. Además, aunque he estado muy involucrado en el proyecto, he tenido muy poca consciencia de lo que estaba haciendo; hasta que no vi la película en el cine, para mí, era una incógnita. Pero creo que eso solo es posible cuando el director confía al cien por cien en ti; porque una de las cosas que más daño puede hacer a un actor es sentir que el director no le quiere. Jonás siempre ha tenido una fe ciega en mí, y es muy bonito cuando sucede esto. Tener un director que te conoce, que te sabe cuando estás siendo de verdad y cuando estás construyendo algo prefabricado –como era mi caso con Jonás- y que además confía plenamente en ti es el clima ideal de trabajo.

Además, he tenido la suerte de estar rodeado de gente como Bárbara Lennie, Ramón Fontsrè, Bruno Bergonzini, Valeria Alonso, Ángela Cremonte… todo ese universo hace que, sin que yo haga nada, Ramiro sea más rico. Esa compañía hace que sea mejor actor y Ramiro mejor personaje. Cuando todo está en su lugar y está bien orquestado tienes la sensación de que no has hecho nada. A pesar de que fue muy duro, agotador y desgastante, tengo la sensación de que yo no hacía prácticamente nada, que todo lo hacían mis compañeros. Yo era el capitán de un barco porque era el protagonista, pero me dejaba llevar por ellos.

Por otro lado, hacer cine es mágico: todo es irrepetible. Cuando veo la película, veo mi cara y el pelo; veo la película pero también estoy reviviendo el rodaje y lo que me pasaba, y creo que nos retrata a nosotros además de contar la historia de Ramiro y Andrea. Además, creo que eso es lo que te hace aprender como actor.

Bárbara y tú habéis construido una pareja muy real, muy creíble, mostráis la rutina y el conocimiento del otro y también el hastío de la pareja; háblanos de cómo ha sido trabajar con Bárbara.

Bárbara es una actriz muy buena. Hay actores que son mentales, crean desde la cabeza, y pueden hacer grandes cosas. Pero hay otro tipo de actores que son los que te impresionan, que son los actores de raza, cualquier cosa que hacen siempre están bien. Y Bárbara es una actriz de raza. Los actores de raza se tiran a la piscina y los mentales tocan el agua antes de tirarse. Bárbara es una actriz muy potente, me impresiona, y eso beneficia a la película y a Ramiro Lastra. Bárbara está conectadísima con todo y conmociona por la calidad emocional que tiene y por su humanidad.

Falta menos de un día para la gala de los Goya y tú estás nominado como mejor actor revelación por tu personaje Ramiro Lastra, ¿cómo te tomaste la nominación? ¿Cómo te preparas para lo noche del domingo?

Nunca pensamos que Ramiro Lastra iría a los Goya, ni se nos pasó por la cabeza. Normalmente te nominan por personajes eléctricos, multicolores, intensos y me sorprendió mucho la nominación. Estamos muy contentos y ahora que faltan dos días, me voy poniendo nervioso por momentos. Pero creo que tengo la actitud buena, que es: voy, estoy muy contento porque la nominación ya es un premio, pero pienso ¿y si me lo dan? Vamos a pasárnoslo bien y a disfrutar.

Con los premios siempre hay que contar con el factor suerte, que ya lo hemos tenido en las nominaciones, y tengo una sensación rara, como de que vamos allá a jugar a la ruleta y a ver qué pasa.

Aunque lo que de verdad me gustaría es que nos dieran el Goya a los dos, a Jonás y a mí, y que eso sirviera para que se reestrenara la película; que se le diera una segunda oportunidad a la película, que aguantó mucho y que gustó muchísimo. Eso sería lo que me haría feliz, que se reestrenara.

Aquí dejamos el tracklist de las canciones de Oriol Vila y esperamos que le dé suerte para mañana:



 

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