La gran broma final

Jonás Trueba se ha encargado de dirigir el videoclip de “La gran broma final”, single de presentación del nuevo disco de Nacho Vegas, La zona sucia. El propio Jonás presenta el videoclip presenta el videoclip: “Se trata de un collage con imágenes de algunas películas que forman parte de mi educación sentimental y cinematográfica. Y también quería extrapolar la historia de una pareja a la historia de todas las parejas y de todas las ficciones de la pareja… Los que hayan visto Todas las canciones hablan de mí quizá reconozcan algunos lugares que formaban parte de la película… Que lo disfrutéis.”

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Una entrevista a Oriol Vila en Público

Hoy, en Público, aparece esta entrevista a Oriol Vila, nominado a mejor actor revelación por encarnar a Ramiro Lastra.

“Es la vez que menos máscaras me he puesto”

Oriol Vila. Actor revelación. Siente pudor al verse tan parecido al melancólico personaje de ‘Todas las canciones hablan de mí’

SARA BRITO MADRID 08/02/2011 08:20

Oriol Vila protagoniza Todas las canciones hablan de mí', de Jonás Trueba. - M. FERNÁNDEZ

Oriol Vila protagoniza Todas las canciones hablan de mí’, de Jonás Trueba. – M. FERNÁNDEZ

En la ducha o en el tren. Cualquier lugar es bueno para garabatear mentalmente un discurso. En esos lugares ha empezado a hacerlo Oriol Vila (Barcelona, 1978), que no quiere olvidarse de nombrar ni a su madre si el próximo domingo gana el Goya al que está nominado: el de mejor actor revelación por su papel del melancólico Ramiro Lastra en Todas las canciones de mí. El debut de Jonás Trueba tras las cámaras, que le ha valido también una candidatura a mejor dirección novel, es el primer papel protagonista de Vila, después de una larga carrera teatral y televisiva (en TV3 sobre todo) y de un puñado de papeles secundarios en filmes como El séptimo día o el también nominado Pájaros de papel, de Emilio Aragón.

Usted no es un recién llegado a la interpretación, pero este es su primer protagonista en cine. ¿Ya era hora?

Es la mejor manera de empezar, con alguien de confianza y un personaje muy bien escrito. Ha sido una suerte. En cine he hecho secundarios característicos y puntuales. Y cuando haces un secundario es muy agradecido por una parte, pero a la vez es complicado porque los días que vas a rodar tienes que dar en la diana. En cambio, tengo la sensación de que con un protagonista viajas con la película, formas más parte de ella. También depende: hay directores que te piden que vayas con una propuesta clara y otros que te piden que te dejes llevar.

Y ¿cómo es Jonás Trueba?

Le gusta mucho que las cosas sucedan en rodaje. Ensayamos bastante, pero era para bucear en el mundo de Ramiro. Por eso quiso que yo estuviese muy involucrado en el proyecto, desde las localizaciones a los decorados. Me lo contaba todo. A la vez, él quería que nos permitiésemos que las cosas que sucedieran en plano fueran parte de la realidad de la vida, que no estuviera medido.

En ese sentido, usted y Bárbara Lennie aportaron mucho de sí mismos a los personajes. ¿Es así?

Es la vez que menos me he escondido detrás del papel y que menos máscaras me he puesto. Cuando veo la película me causa mucha impresión y pudor porque veo que lo que le sucede al personaje es lo que me estaba sucediendo a mí en ese momento. Y me impacta porque creo que no podría volver a hacer eso. Jonás se fijó mucho en cómo estaba yo física y emocionalmente y lo aprovechó. Además, algo que tengo en común con Ramiro es la manera en que él se ve a sí mismo como un tipo deconstruido.

¿Cambió el personaje del guión al rodaje?

Al guión de Daniel [Gascón] y Jonás le pasa lo que a las obras de Chéjov, dependiendo de qué actor lo interprete es de un color u otro. El guión de Todas las canciones… permite que el actor haga el papel a su manera. Si Ramiro Lastra lo hubiera interpretado otro actor sería otra película. Por eso no tengo conciencia de cómo varió, porque siempre he sentido que era yo el que haría ese papel.

También actúa en otra nominada, Pájaros de papel’, ¿en qué se parecen Aragón y Trueba?

Con Emilio cada día de rodaje era emocionante, como con Jonás. La verdad es que he tenido una suerte enorme con los dos. Ambos han hecho la película que necesitaban hacer y la han hecho desde las entrañas y el corazón.

¿Qué ambición tiene como actor?

Trabajar. Y si tengo la suerte de hacerlo en proyectos buenos, mejor. Me tranquiliza haber sido nominado al Goya a los 32 años y no antes. Es una alegría inmensa, pero si no me lo dan no va a cambiar nada en mi vida. El trabajo es lo que te convierte en actor. Esto no es un don.

Entre nominados

Ayer, ABC publicaba esta charla entre los nominados a mejor dirección novel para los Goya 2011.

Noveles Goya: Directores en la edad de la inocencia

La XXXI Semana del Cine Español en Carabanchel nos ha permitido reunir a tres de los cuatro directores noveles candidatos al Goya. Ellos hablan para ABC sobre sus sensaciones ante la gala

FEDERICO MARÍN BELLÓN / MADRID
Día 06/02/2011 – 19.29h

Juana Macías («Planes para mañana»), Jonás Trueba («Todas las canciones hablan de mí»), David Pinillos («Bon Appétit») y Emilio Aragón («Pájaros de papel») compiten por uno de los premios más interesantes de la noche, en teoría un anticipo de lujo de lo que será el cine español del futuro.

¿Cambia la vida un Goya? «El que me dieron no me la cambió», cuenta Juana Macías, ganadora por el mejor corto en el año 2000, «pero me ayudó a que me mirasen con más interés cuando iba a presentar un proyecto». «Es un premio a toda la gente que la ha hecho contigo», explica Pinillos. «Si eso ocurre con cualquier película, con la dirección novel más aún. Sí puede ayudar a levantar el próximo», corrobora el montador y director. «No te la cambia nada», dice Jonás Trueba. «A veces hemos visto ganadores que luego ha crecido mucho, pero no por el premio. Otros lo han tenido y se han diluido. Influye la suerte y muchos factores. Se trata de que no te vuelvas loco y que si lo ganas no te lo creas y te bloquee para la siguiente película».

Buena cuestión, la de la segunda película.¿Existe una especie de maldición al respecto?

D.P.: «Emilio Aragón dice que va a hacer la tercera directamente. Da vértigo, porque son los miedos de siempre. Has cometido errores por defecto que ahora te vas a pasar por exceso».

J.T.: «Yo creo que es la crisis de cada película. Hay un cierto abismo siempre y creo que es normal, como ante la hoja en blanco».

E.A.: «La trayectoria internacional y los premios recogidos hacenque afronte ”la segunda” con muchas ganas y muchomiedo. Miedo siempre tengo».

También parece que tras terminar una película queda una especie de vacío o depresión post parto.

J.M.: «No me ha dado tiempo, porque entre medias se me ha juntado un parto de verdad».

D.P.: «Sí que te queda un vacío, como si los hijos se fuesen de casa».

E.A.: «Sí, después de compartir momentos tan intensos, despedirme del equipo fuedoloroso. Peroenseguida nos liamos con lo siguiente y eso hace que podamos seguir».

¿Siente inseguridad ante el equipo un director novato?

J.M.: «Uno de los retos era que el equipo técnico y el artístico confiaran en mí. Una de las cosas que me hacen sentir más orgullosa es que lo conseguí».

D.P.: «Al principio son más las desconfianzas que tú tienes. Yo necesito que el ambiente ea bueno. Eso no quiere decir buen rollo. Escuchar no es una técnica habitual, pero el equipo enseguida entendió la propuesta y nunca me sentí presionado, sino muy respaldado».

J.T.: «En mi caso el equipo eran amigos, gente de confianza, a menudo más novatos que yo. Sí es verdad que cuando empiezas generas desconfianza para conseguir financiación, lógica, por otro lado. La hay en cada película, incluso con directores veteranos».

El caso de Emilio Aragón es algo distinto. ¿Se considera en desventaja o puede ser incluso algo bueno porque la Academia quiera rendirle una especie de homenaje?

«Lo importante no es discernir si estoy o no en desventaja, lo que me llena de satisfacción es compartir la ilusión de la nominación y disfrutarlasea cual sea el resultado. Con respecto al reconocimiento, con honestidad, no siento que ninguna institución tenga que rendirme homenaje alguno, y menos el cine, donde acabo de llegar».

¿Cómo ven el pequeño cisma abierto?

J.M.: «Es una ley complicada y podría ser mejor, pero en lo que toca a la dimisión de Álex y la repercusión en la Academia y en el cine, me parece una polémica innecesaria. A lo mejor la gala tiene más audiencia (como dice la ministra), pero yendo más allá, bueno no es».

D.P.: «Lo que hay que hacer es hablar y buscar una solución. De repente, por unos malentendidos y unas opiniones que no acabo de entender se da una impresión del cine que no es real. Trabajar como montador me ha costado muchísimo y ahora hacer una película más y me da pena que demos esta impresión».

J.T.: «La sensación es que se ha hablado de más, en general, y no quiero atizar el fuego. Me da la sensación de que los medios le han dado una importancia desmesurada, de forma irresponsable incluso, pero también empezando por la gente del cine. Con una crisis terrible, que las portadas de los medios las ocupe un tema gremial, sin importancia, creo que a la gente le molestará. Si me molesta a mí…»

E. A.: «Los conflictos y las dificultades están presentes tanto en el cine como en la televisión, la música y otras muchas facetas del arte. No son tiemposfáciles para nadie, son muchos cambios en poco tiempo y encontrar la manera de adaptarse a los nuevos escenarios es siempre una fuente de mucha tensión. Sólo puedo agradecer el esfuerzo de todos aquellos que trabajan por conciliar posturas».

El año también ha sido terrible para la taquilla en general, no solo para las películas españolas.

J.M.: «El año anterior no fue así. No es una tendencia regular. Puede ser circunstancial o que la gente no encuentra lo que quiere ver o prefiere otro tipo de ocio o ver el cine en su casa».

D.P.: «La crisis habrá influido y los medios para ver cine están cambiando. Y una cosa fundamental de la que se habla menos: yo soy de Segovia y los cines están desapareciendo de los centros de las ciudades. Recuerdo ir paseando y meterme en el cine. Ahora un chaval de 12 años se tiene que coger un autobús o que lo lleven al centro comercial».

J.T.: «Las cifras parece que han bajado mucho, pero en Francia o en Italia la asistencia ha subido. Hay una crisis y un cambio, es verdad, pero creo que la gente sigue queriendo ir al cine. En este país se está haciendo algo mal, no solo la gente del cine. Hay un deber no solo del Estado, sino de los exhibidores, los distribuidores… incluso los ciudadanos. Es desalentador, porque sigue siendo un gran plan ir al cine y una sociedad que no va, que se queda en casa, me parece inquietante».

La hipótesis del cine, según Jonás Trueba

Hace unos días, Jonás escribía en su blog del libro de Alain Bergala La hipótesis del cine, que compartimos con vosotros.

Hipótesis del cine

01 FEB 2011 20:35

Al final del tunel nos espera el único tema verdaderamente importante, que es la educación. En algún rincón de ese sótano polvoriento se encuentra la promesa, largamente aplazada, de una enseñanza del cine y de las imágenes. Ahora que vivimos en la era de lo audiovisual, se impone la necesidad de tratar al cine con más seriedad que nunca, pero también como a un amigo que puede ayudar y ser útil. Hasta ahora el cine no ha sido más que un deporte de segunda, algo de lo que opinar sin demasiado esfuerzo. El cine no debería perder nunca su raigambre popular, pero no debemos desdeñar su importancia artística, intelectual y humanista. Eso es lo que propone Alain Bergala en La hipótesis del cine, libro fundamental y a reivindicar, uno de los mejores que he leído en mucho tiempo, y que lleva este hermoso subtítulo entre paréntesis: (pequeño tratado sobre la transmisión del cine en la escuela y fuera de ella).

Bergala habla desde su experiencia como cineasta pero también desde su experiencia como profesor y director de una las iniciativas más ambiciosas que se han llevado a cabo en la enseñanza del cine. Estamos hablando de Francia, por supuesto. Aquí en España nunca ha habido el más mínimo interés en introducir el cine en las escuelas. Quizá la mejor iniciativa ha surgido hace poco, en Cataluña, partiendo curiosamente del modelo francés que propugna Bergala. Poco más. Muchos recordaremos las películas que nos ponían en clase de filosofía o de literatura para ilustrar ciertos conceptos o apoyar la lectura de alguna novela clásica… Recuerdo ver Ran de Kurosawa cuando repasábamos El rey Lear de Shakespeare. O diferentes versiones cinematográficas del Quijote o Madame Bovary…. Sin embargo, no creo que nadie llegara a analizar con rigor aquellas películas, ni que se hablara del cine con verdadero fundamento. Es normal, pues la mayoría de aquellos profesores eran especialistas en otras materias, y no tenían porqué saber desentrañar aquello que las mejores películas llevan dentro y que es su más preciado tesoro.

Lo más preocupante es que esa tendencia de usar las películas como mero instrumento ilustrativo ha calado en diferentes capas de la enseñanza, y hasta cuando se enseña el cine en la universidad y en las escuelas privadas, muchas veces no se hace otra cosa que analizar la película a partir de su sentido y significado, un método sin duda tranquilizador para muchos profesores inexpertos en materia cinematográfica, pero que no hace otra cosa que empobrecer el cine, pues se le aplica una vía de análisis más propia de otras artes. Bergala aboga por “empezar a pensar la película no como un objeto, sino como una traza final de un proceso creativo, y el cine, como un arte. Pensar la película como la traza de un gesto de creación. No como un objeto de lectura, descodificable, sino cada plano como la pincelada del pintor a través de la cual se puede comprender un poco el proceso de creación”.

En definitiva, y Bergala no tiene reparos en decirlo así, se trata de pensar el cine como arte, arte impuro pero arte al fin y al cabo y, además, repleto de singularidades. Dicho esto, hay que apresurarse a matizar lo que puede ser el cine como arte. Para Bergala “el gran arte es lo opuesto a un cine que exhibe un valor artístico añadido. Es la aridez de Rossellini o de Bresson. Es el rigor impecable y sin ungüentos de un Hitchcock o un Lang. Es la limpidez de Howard Hawks, la desnudez de las películas de Kiarostami. Es la vida que desborda cada plano de Renoir o de Fellini. Es cada vez que la emoción y el pensamiento nacen de una forma, de un ritmo, que sólo podían existir en y por el cine”.

Una de las ideas más hermosas que se respira a lo largo del libro de Bergala es la de aprender a amar el cine. Y ese aprendijaze se produce a través de la “transmisión” de ese amor, de una persona a otra, del profesor al alumno en el ámbito escolar, y a través de los amigos o los familiares fuera de la escuela. Para esta figura, cuya responsabilidad en nuestra educación es incalculable, Bergala escoge el nombre de “pasador”. Frente a la amnesia generalizada que producen ciertos programas de televisión, así como tantas películas de consumo para usar y tirar, fabricadas ex profeso para los jóvenes, el “pasador” sería el primer encargado de señalar un camino distinto, sin duda más largo y laborioso, a través “de una serie de obras que deben ser asimiladas lentamente y actuar por impregnación más que por transmisión voluntarista”. Se trata de “construir un imaginario del cine allí donde sólo hay superposición de películas autistas”. Para ello, a través de una inicitiva institucional se elaboró una cesta compuesta por cien películas de todas las épocas y culturas. Una devedeteca que se denominó L’Eden cinéma y que se introdujo en las escuelas y a la que todos los alumnos podían tener acceso a lo largo de su periodo escolar, independientemente del uso que hicieran de ellas los profesores.

Pero más allá de un libro educativo, lo que Bergala ha escrito debería ser una guía para futuros profesores de cine, así como y, sobre todo, para futuros cineastas. Es imposible resumir aquí toda su riqueza. Está lleno de hallazgos y de reflexiones preciosas, verdaderas, y respira un amor por el cine que se transmite en cada página. Una primera hipótesis por la que empezar un acercamiento diferente al cine y las películas, desde una frecuentación más sensible y poderosa, más moderna y propicia para estos tiempos. El primer paso para aprender a disfrutar y construir mejores imágenes en el futuro.

Jonás Trueba en Culturamas

Hoy en Culturamas, una charla de Luis Muñoz Díez con Jonás Trueba

Luis Muñoz Díez habla con Jonás Trueba de cómo le gusta ver a él las películas.

febrero 2, 2011 · Deje un comentario

Luis Muñoz Díez habla con Jonás Trueba de cómo le gusta ver a él las películas.Con fotos de Pablo Álvarez.

El principio del fin del Cine llegó con la televisión. Ya no hacía falta desplazarse a ninguna parte para ver una buena película. Sólo tenía el inconveniente que el metraje de una película se estiraba y para ver cien minutos se ponía casi en el doble por las interrupciones de la publicidad. El segundo escalón de bajada fue el vídeo y el DVD, no sólo se podía ver cine en casa, si no que podíamos elegir lo que queríamos ver. Pero hasta ahí había un límite, la televisión era gratis pero no podías elegir y para el DVD había que pagar un alquiler.

El verdadero descalabro para el cine llegó con Internet y los manteros, que han colocado a productores y a salas de exhibición en un serio aprieto.

Estos días es noticia la dimisión de Alex de la Iglesia como presidente de la Academia de Cine en protesta por la ley llamada “Sinde”. La profesión parece una jaula de grillos, en la que a veces no se dice lo mismo en privado que en público ni se trata con el mismo celo la obra ajena que la propia. Para el público la ley llega tarde ahora que se había acostumbrado a las descargas gratis le parece perder un derecho que tiene.

Me he propuesto hacer un muestreo de lo que opinan del futuro del Cine los profesionales. Se lo pregunté a Jonás Trueba cuando estrenó Todas las canciones hablan de mí y su opinión me parece valiosa, porque es guionista, director y, como amante del cine, consumidor.

¿Cómo ves el futuro del cine Jonás?

Eso es algo que me pregunto yo también. Yo creo que estas salas –cuando se refiere a estas salas habla de la sala del cine Princesa donde mantenemos esta conversación-, van a ser las menos perjudicadas porque tienen un público más fiel y más cinéfilo.

¿Ves el futuro con salas o nos saltaremos ese paso y se estrenará directamente en Televisión para pasar a DVD e Internet?

Quiero pensar que el público seguirá asistiendo a las salas. Sería muy rara una sociedad en que la gente no quiera salir de casa para ir al cine, porque al fin y al cabo es un plan perfecto más allá del cine en sí mismo. Está el hecho de salir, caminar, coger el metro, comprar una entrada y al salir tomar una cerveza. El ir al cine conlleva tantas cosas…

Sí, el hecho de ir al cine está por encima de ver una película, pero quizá la gente más joven ya no tenga esa costumbre.

Se dice que los jóvenes ya no van al cine y eso habla muy mal de los jóvenes. No sé lo que hacen…y me inquieta mucho.

¿Qué se podría a hacer para que los jóvenes vuelvan a las salas?

Creo que ahí tenemos que hacer una labor pedagógica que no estamos haciendo con respecto al cine en el sistema educativo. Vivimos en un mundo audiovisual y es un grave error del sistema educativo el no incorporar el lenguaje del cine enseñando a mirar, como por ejemplo hicieron en Francia, y todo eso ha derivado en el problema de las salas, pero es normal, si no les explican a los chavales como mirar una película y cuales son las mejores condiciones para hacerlo.

Pero a quienes nos gusta el cine no dejamos de ir a las salas, pero también nos beneficiamos de las otras ventajas.

Yo soy el primero. Me encantan las ventajas de poder ver las películas en mi casa en la pantalla del ordenador. Tengo un pequeño aparato, las veo y disfruto con el Ipod, por ejemplo estos días tenía uno y lo estuve viendo. Es un buen aparato para ver cine en contra de lo que han dicho, no es para leer. Su pantalla es buena para ver cine.

Te veo entusiasmado.

Está  muy bien y creo que va a haber una convivencia entre la sala y esto, pero también es verdad que estas salas de cine, que son los llamados a quedar, tienen la pantalla muy pequeña y la gente está teniendo cada vez pantallas más grandes en casa.

Estas pequeñas salas tienen su encanto, salir de tu casa, acudir a una primera sesión en la que hay poco público, es de día, compras la entrada y te acomodas en la oscuridad, casi emboscado, para ver lo que ocurre en la pantalla. Estás viendo algo que sientes que se proyecta para ti y si vas acompañado surge una complicidad con la otra persona de estar viendo lo mismo. Todo esto tiene una intriga, un interés y un calor que no tiene el pulsar el botón en un reproductor de DVD.

Sí, estoy totalmente de acuerdo y creo que es lo que salva a las salas. Está el acto de ir al cine que va más allá de ver una película. Tiene más que ver con tus relaciones personales, vas con la novia, con la chica que te quieres ligar o con un amigo que quedas y después te tomas unas cañas.  Es lo que te decía, una necesidad de salir, de andar, de reunirte, de tomar después una cerveza…

Jonás tiene una idea parecida del Cine a la que yo tengo y ahí queda su opinión que para mí es importante, pero no sé si el tiempo de la tres Ces -Cena, Cine y Copa- ha pasado, y a las salas sólo acudiremos los que tenemos la lección ya aprendida. Mientras, los más jóvenes, saldrán de casa con la película ya vista, y no será un tiempo ni mejor ni peor sólo distinto, y seguirán hipnotizándose con las imágenes filmadas, se reflejen en un espejo, en el río o en la luna, y quizá sea eso lo único que tenga importancia para que el Cine siga vivo.

Luis Muñoz Díez con el director Jonás Trueba

Una charla entre Jonás Trueba y Emilio Aragón

Hoy, en Público, aparece esta charla entre Jonás Trueba y Emilio Aragón, dos de los nominados a mejor dirección novel este año en los Goya.

“Siempre es mucho mejor la película que no has hecho”

El reto de debutar como director. Jonás Trueba y Emilio Aragón hablan sobre sus óperas primas de cara al Goya a la mejor dirección novel

Jonás Trueba y Emilio Aragón, en la sede de la Academia de Cine en Madrid. - DANI POZO

Jonás Trueba y Emilio Aragón, en la sede de la Academia de Cine en Madrid. – DANI POZO

La cita es en la Academia de Cine, aunque en dos semanas volverán a verse las caras en el Teatro Real, en la gala de los Goya, junto a David Pinillos (Bon appétit) y Juana Macías (Planes para mañana), candidatos los cuatro a la mejor dirección novel. De entrada no parece que una historia sobre músicos ambulantes en la posguerra (Pájaros de papel, el debut de Emilio Aragón; 51 años) y otra sobre chico-conoce-chica (Todas las canciones hablan de mí, de Jonás Trueba; 29) tengan mucho en común. “Creo que en las cuatro películas el amor está muy presente. Todas lo han abordado, de maneras distintas y valientes y con madurez”, dice Emilio Aragón. El amor, y, como se verá después, otras conexiones más inesperadas.

JONÁS TRUEBA: Emilio, compartimos un actor, Oriol Vila, y además a Marta Velasco, montadora en ambas películas.

EMILIO ARAGÓN: ¡Marta! Recuerdo que, al final del rodaje, yo tenía una carga encima tan pesada que me rompí, quebré. Empezábamos el montaje y estábamos los tres, Marta, Pepe Salcedo [jefe de montaje] y yo, y me dio el bajón y me puse a llorar. Yo pensaba que no se daban cuenta, estaba aguantándome tanto que hasta me dolía la garganta y de pronto, una mano por detrás que me dio un pañuelo. Era la de Marta. Se había dado cuenta.

‘PÚBLICO’: Jonás, en su caso, ¿también lloró tras terminar el rodaje?

JONÁS TRUEBA: Llegas muy cansado, con muchas emociones juntas. La sensación del director es que se va quedando solo. Vas quemando etapas: empiezas escribiendo el guión, generas una vida con el guionista, y cuando acabas, se termina una época. Luego llega el rodaje, y te rodeas de otra gente, con la que haces una familia. Y cuando esta termina, te despides de ellos y empiezas otra nueva, con otra gente, que es el montaje. Así que estás todo el rato con esta sensación de que la película continúa y tú eres el único que sigues, y que vas dejando a gente cojonuda por el camino. Hay momentos de melancolía muy fuertes.

‘PÚBLICO’: ¿Hasta qué punto su primera película ha sido algo personal? Lo digo en el sentido de que la historia elegida tuviera que ser la que eligieron, igual que la forma de rodarla.

EMILIO ARAGÓN: Confluyen un montón de cosas. He tardado mucho tiempo en dirigir la película porque la vida me ha ido llevando por otros caminos y no encontraba el momento. Pero mi madre, de pequeño, siempre decía, usando una expresión de Cuba, que yo era una pituita, es decir, muy pesado. Y lo tenía muy claro. De hecho, el primer argumento para Pájaros de papel lo tenía escrito hace 12 años o así. Sabía que tenía que ser algo cercano. Además, a eso se unía la idea del homenaje a una generación de cómicos, de artistas de varietés. Hubo gente de mi entorno que me dijo: “¿Por qué haces esto ahora? ¿Por qué este salto mortal?”. Y podía no haber red. Pero le hice caso al diablillo y acerté. Y no he dado ese salto para volver a irme: lo he dado para quedarme.

JONÁS TRUEBA: Está muy bien que te lances, sobre todo cuando no tenías por qué. Y es verdad que cuando haces una película te expones mucho. Más cuando es personal, y es el caso de la cuatro películas candidatas. Te entra un poco de pavor, de vergüenza, una sensación de por qué estoy haciendo esto si estaría más tranquilo en mi casa. Para mí, el cine tiene que ser personal. Me gusta el cine de la gente que cuenta cosas que son suyas; las películas que, cuando las ves, entiendes que el que la ha hecho necesitaba quitarse esa historia de encima. Luego está el cine de los virtuosos, de los directores de oficio, que pueden coger cualquier guión y filmarlo. Yo creo que sólo podré contar las historias que salen de mí. Azcona decía que siempre hay que contar lo que uno tiene cerca.

EMILIO ARAGÓN: Como en la literatura: los grandes escritores son los que han escrito sobre cosas que conocían. En el terreno en el que yo me he movido jugaba en casa. Desde pequeño he desayunado, comido y cenado este tipo de historias. Lo único que necesitaba eran compañeros de viaje que me hicieran el tránsito más cómodo. Y al final las películas las hacen equipos. Es importante que el comentario de gente del equipo te haga replantear una situación, una escena o el tono.

JONÁS TRUEBA: La esencia del cine es eso. Lo más emocionante no surge hasta que aparecen cosas que no habías previsto. A lo mejor las cosas que tenías claras a priori, luego son las que, una vez hechas, menos te interesan. Por eso, la colaboración con el equipo es fundamental. Mi película ha crecido mucho con ellos. Creo que la nominación a director novel en realidad es a la ópera prima.

EMILIO ARAGÓN: Es un premio al trabajo en equipo. Inevitablemente, al ser una ópera prima, la energía y el ambiente que se crea te hace sentir que todo el mundo rema en la misma dirección. Hay cosas que las tienes claras y muchísimas otras que no. Cuando llegas al montaje, es otro momento en que puedes hacer cien películas distintas. Y yo soy un insatisfecho estructural. Ahora veo las dos secuencias que quité… y me enamoro. Y en los pases, me giro a ver las reacciones de la gente y juego a imaginar cómo hubiera hecho la película de otra manera, lo que tiene algo de perverso. Entras en una parte obsesiva.

JONÁS TRUEBA: Pero te hace aprender y te cuestiona. Yo no puedo ver mi película. Es una tortura, como clavarme un cuchillo. Le tengo cariño pero sé que si la veo entro en ese juego de ver la cámara en otro lado, por qué no fue esto así… Es algo peligroso, porque siempre va a ganar la película que no has hecho. La película que está en tu imaginación es imbatible.

EMILIO ARAGÓN: La creación pasa por momentos de dolor. Yo disfruté mucho rodando, y engordé nueve kilos y volví a fumar y la de dios… Fue todo excesivo. Dormía cuatro horas y mi mujer no me soportaba y no existía más que la película [risas]. Me ha pasado con otros proyectos que, al final, como la locomotora es la pasión, la pasión puede con todo. Es una locomotora y si le echas leña, eso tira.

JONÁS TRUEBA: Hay una frase de Truffaut que dice que las películas son como trenes en la noche. Y es eso. No paran.

‘PÚBLICO’: ¿Qué importancia tenía para los dos el contexto histórico? Una se desarrolla en la posguerra; la otra en el Madrid de hoy.

EMILIO ARAGÓN: A mí me obsesionaba que la película destilara verdad. No forzar la comedia. Que se pudiera oler el maquillaje en los camerinos. Y me preocupaba que surgiera la química entre los actores. Hay que tener en cuenta lo que era el mundo del teatro en la posguerra, en aquella España, y sobre todo este tipo de teatro de varietés, que era de segunda o tercera división. Tenía una oportunidad de mostrar esa generación de artistas todoterreno, que lo mismo te hacían un sainete que tocaban un instrumento, y que desgraciadamente ya han desaparecido. Mi padre recordaba lo que era salir al escenario y llegar los señoritos a los palcos y romperte una función. O los militares.

JONÁS TRUEBA: Mi película la fecho en el 2010 pero no quería hacer una película generacional. Tenía muy claro que quería hacer una película muy de Madrid, de un Madrid que me gusta, por el que suelo pasear. He intentado retratar bares que me gustan, e incluso a personas que quiero. Me gusta que las cosas en el cine se reconozcan y reconozcas las épocas, que alguien de alguna forma, yo mismo dentro de unos años, pueda decir: “Mira, así éramos en el 2010 en Madrid”. Creo en el cine como un registro de un momento que queda fechado. De hecho, mi película está fechada. Como los libros.

EMILIO ARAGÓN: Es que es curioso lo de las conexiones y que todo es una tela de arañade la que formamos parte: viendo tu película, hay una canción de Bola de Nieve. Y Bola de Nieve actuó con mi padre muchas veces. Y luego hay un momento en que aparece un libro de Buster Keaton. Y mi padre hizo una gira de seis meses con Keaton

JONÁS TRUEBA: ¡Joder! Bola de Nieve es uno de mis genios. Tenía claro que iba a usar su canción, no por la canción en sí, sino por lo que inspira él, esa mezcla de comedia y drama que tiene, que no sabes si reír y llorar, esa mezcla entre patético y humorístico, que me gusta mucho. Yo tenía claro que me apetecía hacer una película romántica y de amor, con todos los riesgo que suponía. Siempre al borde del ridículo. Creo en esa fina línea al borde del ridículo: las películas y libros que me gustan están ahí. Incluso es un tema, el ridículo, del que se habla en mi película y que trata. El peligro es no caer en ciertas cosas.

EMILIO ARAGÓN: Lo que teníamos claro Fernando [Castets, coguionista] y yo a la hora de escribir es que no se podía pasar de puntillas por estos temas. Corres el riesgo de caer en lo sensiblero, pero no hay nada peor, en cuanto a amor, que quedarse corto.

‘PÚBLICO’: ¿Un director le debe coherencia a su primera película?

JONÁS TRUEBA: Sí y no. Creo que quizá esta primer película me llevará una segunda que sea lo contrario, para contradecirme y cuestionar todo lo que hice. Haría una para meterme con esta.

EMILIO ARAGÓN: Yo tengo un problema. Ahora no me sale más que drama [risas]. Además, las segundas películas tienen ese hándicap: que son las segundas. Y la vara de medir siempre será la primera película que hiciste.

JONÁS TRUEBA: Dicen que la segunda película es el marrón. “La encrucijada de la segunda película”.

‘PÚBLICO’: Deberían dar un Goya a la segunda película.

JONÁS TRUEBA: Eso estaría genial… [risas].

EMILIO ARAGÓN: Yo por eso he decido hacer directamente la tercera. Así evito la segunda.

Encuentro digital con Jonás Trueba en Dilmot

Aquí os dejamos el enlace a la encuentro digital que Jonás Trueba ha mantenido esta mañana en Dilmot.com.

Dilmot Entrevistas Encuentro digital.